Hormigón verde: ¿qué hay detrás? Retos, metas y protagonistas en el diseño de este material sostenible
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El puerto de Cádiz ha visto cruzar por sus aguas barcos y navegantes que determinaron la historia. Por allí pasaron los fenicios, dejaron su huella los romanos y se vivieron tiempos dorados tras la conquista de América. Ahora, este puerto protagoniza otra historia de cambio y adaptación muy diferente: una que tiene como protagonistas a los materiales que persiguen la eficiencia.

Una nueva terminal de contenedores contará con un innovador cemento ecológico que reduce las emisiones de dióxido de carbono (CO2) entre un 30% y un 50% respecto a otros materiales convencionales. Con este cemento se da forma a bloques de hormigón duraderos mediante procesos que utilizan materiales reciclados y reducen el consumo energético.

El hormigón lleva siendo parte fundamental de nuestras infraestructuras desde hace miles de años. Su resistencia, su durabilidad y su versatilidad lo han convertido en un protagonista de la historia de la construcción. Hoy, retos como la descarbonización hacen que sea necesario adaptar los materiales para que sean más sostenibles y eficientes, algo que deja huella en infraestructuras tan relevantes como el puerto de Cádiz.

Hormigón verde: ¿qué hay detrás? Retos, metas y protagonistas en el diseño de este material sostenible

El concepto de hormigón verde es muy amplio, pero se usa en general para hacer referencia al que se desarrolla a partir de materiales con una huella de carbono baja (como los reciclados o los reutilizados) o a aquel que aporta alguna característica o funcionalidad especial que incrementa la eficiencia energética del edificio (por ejemplo, una elevada durabilidad).

“Ambos aspectos no son excluyentes, es decir, podemos obtener un hormigón con menor huella de carbono que también posea alguna funcionalidad avanzada”, explica José Luis García Calvo, vicedirector técnico del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja del CSIC (IETcc-CSIC). “En ambos casos se estaría aumentando la sostenibilidad del proceso constructivo, entendiendo esta sostenibilidad desde un punto de vista no solo ambiental, sino también social y económico”.

En los últimos años, la industria y la ciencia de la construcción han comenzado una carrera para desarrollar hormigones más sostenibles. Las cifras respaldan este interés: de acuerdo con datos de la consultora McKinsey, la producción de cemento –el ingrediente principal del hormigón– está detrás del 7% de las emisiones globales de CO2. Y a la realidad medioambiental se suma la económica: cada año se fabrican 4.000 millones de toneladas métricas de cemento, cuyos costes están aumentando debido a los sistemas de fijación de los precios del carbono.

Las ventajas de encontrar alternativas y fabricar hormigón verde son medioambientales, sociales y económicas. En la búsqueda de soluciones, señala García, es muy importante evitar tener una mentalidad cortoplacista y tener en cuenta todo el ciclo de vida del hormigón.

“Nunca debemos separar la sostenibilidad de la durabilidad. Por ejemplo, para una misma estructura, ¿qué es más sostenible, un hormigón de baja huella de carbono con una vida útil de cinco años o uno con mayor huella de carbono cuya vida útil sea de 100 años? El segundo siempre implicaría un menor consumo de recursos a largo plazo”, explica el vicedirector técnico del IETcc-CSIC.

Hormigón verde: ¿qué hay detrás? Retos, metas y protagonistas en el diseño de este material sostenible

Cómo se fabrica el hormigón verde: procesos y materiales clave

La principal diferencia entre el hormigón verde y el convencional está en los materiales que los componen. Por ejemplo, el cemento convencional: uno de los pasos de su fabricación, la dedicada a la generación del clínker (o clínker Portland, principal componente fruto de calcinar caliza y arcilla), está detrás del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del proceso debido a la utilización de grandes hornos que funcionan a temperaturas superiores a 1.400 oC.

“En este sentido, se está buscando disminuir el contenido de cemento Portland en el hormigón por otros materiales alternativos con menor huella de carbono. En el caso de las características especiales, estas se consiguen añadiendo ciertos compuestos o agentes o empleando la nanotecnología”, explica este experto.

Desde Mckinsey destacan varias estrategias para descarbonizar la cadena de valor tanto del cemento como del hormigón. La primera de ellas pasa por reducir la cantidad de clínker que está presente en el cemento, sustituyéndolo por otros materiales como cenizas, escoria metálica o arcilla calcinada o bien optando por métodos innovadores en la construcción, el diseño y la mezcla de materiales.

La segunda estrategia se basa en utilizar fuentes de energía más sostenibles para alimentar los hornos, y la tercera en almacenar o reutilizar las emisiones de CO2. La consultora da especial importancia a la implementación de medidas que favorezcan la circularidad.

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