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Sin embargo, desde su llegada al mercado, el equipo se mantuvo como una propuesta limitada. Su precio, cercano a los 2,900 dólares, junto con una producción reducida, lo colocaron fuera de un alcance masivo. En la práctica, funcionó más como una demostración tecnológica que como un producto orientado a volumen.

Conforme avanzó su comercialización, se hicieron evidentes los retos asociados a su fabricación. La complejidad del sistema de pliegue, sumada a los costos de sus componentes, dificultó su escalabilidad. A esto se añadieron reportes sobre fallas y ajustes técnicos propios de un diseño aún en desarrollo.
Ante este panorama, la compañía optó por retirarlo del mercado en marzo de 2026. La decisión no representa un cambio en su estrategia general, ya que Samsung continúa impulsando sus líneas de plegables convencionales, como los Galaxy Z Fold y Z Flip, que mantienen una presencia más estable dentro del segmento premium.
Más allá de este caso, el movimiento refleja una tendencia más amplia en la industria. A medida que los fabricantes buscan innovar con diseños cada vez más complejos, factores como el costo, la producción y la demanda se vuelven determinantes para la permanencia de un producto.

